Cristebiologuita

poesy, novels, biology, tales, short related, literature

Límite

Estar con alguien como yo no es cosa fácil. No lo digo de forma prepotente, sino porque es difícil fiarte de las noticias del tiempo y creer infaliblemente en un clima inestable, en el que por la mañana está soleado y por la tarde está nublado con tormentas seguido de fuerzas huracanadas; cuando viene la calma ves cómo has destrozado relaciones, amistades, amores, trabajos e incluso a ti misma; porque el huracán de tu humor inestable deja destrozos a su paso. ¿Cómo te explico que te idealizaré como si fueras dios pero, cuando vea un fallo tuyo te bajaré de mi pedestal? ¿Cómo te explico que en un segundo puedo tener una reacción exergónica del amor al odio? ¿Cómo te explico que no es tu culpa? ¿Cómo me justifico? ¿Cómo te explico qué pasa por mi mente caótica?.
Puedo pasar del amor al odio, muy rápido, como una llama que consume todo un edificio, no hay nada que salvar. Sólo escucho mis gritos internos que no saben expresar ¡Auxilio!
En mi infancia mi madre a veces estaba enojada, por no decir que casi todo el tiempo, mi madre jamás estaba conforme con nada: ni con su vida, ni conmigo, me culpaba de su mala relación con mi padre. Mi padre por otro lado era atento, presente y por otro lado rígido y dogmático.
En la escuela tenía la etiqueta de loca, freaky, fenómeno, yo no entendía porque los niños de mi edad no sabían cosas que yo sí sabía. Mis padres esperaban algo de mi, que yo fuera la perfección hecha persona para que la gente les alabara de los excelentes padres que eran, y yo jamás debía hacerles caer mal. Me pedían explicaciones de todo, sus estándares eran altos y si me equivocaba era una hecatombe, era como cometer el peor de los crímenes. Nunca tenía una respuesta, la única segura era la palabra NO. De ahí surgió la necesidad de convertirme en una excelente fuente de mentira, me dolía mentir, me desgastaba pero yo no quería lastimarlos ni que ellos me lastimaran a mi; me creé otra persona alternativa, me creé un alter ego: Uno que quería que mis padres fuera y el otro que era quien yo era realmente, de allí mi personalidad entró en conflicto y empecé a perderme de lo que yo era y de lo que debía ser, me había confundido porque jamás se me ocurriría pensar en voz alta.
Mi vida se basó en aguantar abusos psicológicos y alguna vez físico; el psicológico dolió muchísimo más tanto, que hubiera preferido golpes a las palabras y desprecios que fueron quemando mi ser hasta convertir mi alma en alguien que sufría quemaduras de tercer grado: Hacia lo que fuera por ser niña buena, por complacer, por encajar, por ser lo que esperaban, ser lo que yo debía ser pero sabía que no era ¡Puta mentirosa! ¡Que descaradamente me mentía a mi misma!
Uno de mis libros favoritos es “El extraño caso del Dr Heckill y Mr Hyde”, en mi caso iba ganando terreno cada vez más mi versión Hyde.
Mis demonios fueron madurando, procesando y madurando toda esa ira, hasta que me di cuenta de lo que tanto mis padres condenaban era lo que ellos hacían, me hacían ser lo que ellos no eran ni jamás sería. Los odié a muerte. Deseé estar muerta. A los ocho comenzó el primer abuso, ya no recuerdo quién fue, solo sé que habían dedos en mi infantil vagina. Después hubo otros episodios: por ejemplo, en un probador de ropa. Mi vida fue acumulando trofeos de abusos, y cada vez que me dejaba pisotear crecía en mi el odio: Temía ir a la cárcel por agresión, yo no era tonta. Fui aguantando como pude.
En la vida intenté amistades, pero la gente poco a poco se fue yendo de mi vida porque adivinar de qué humor yo iba a estar era muy agotador, el medir mi respuesta irascible e impredecible cansa a cualquier domador de bestias de circo. Así que me fui quedando sola, excepto para personas que puedo contar con los dedos de una mano y me sobra mano.
La Universidad fue una etapa liberadora: Ahí podía ser lo que quisiera ser, pero ¡Sorpresa! Me di cuenta que yo era atractiva y sexy, aunque en el fondo no me lo creía, yo de alguna forma disfrutaba de la poca atención que me prestaban. Mis relaciones amorosas comenzaron a ser tóxicas por dos razones: Yo tenía conductas tóxicas, tendía a desconfiar, saboteaba todo porque yo no quería estar con nadie y la segunda razón era porque una persona como yo era mierda para moscas. Cuando eres una persona caótica, atraes gente que contribuye más al caos, que te ayudan a cavar más fondo el agujero del autodesprecio, autodestrucción y desidia. Cuando tienes a conductas que tienden al extremo ahí tienes el túnel. Yo comencé a autolesionarme a los 8 años, después a los 14 y a los veintipocos. Los períodos de autolesiones eran intermitentes. Tuve dos intentos de suicidio, no soportaba a mi madre, no soportaba está vida que me parecía que me quería bajar de esa ruleta, esa ruleta en donde muchos son como niños en parques de diversiones donde a pesar que se caigan, siguen jugando: yo no podía.
Las personas como yo no llevamos bien el rechazo, la ignominia, las cosas inconclusas, no toleramos críticas por nuestra ya lacerada autoestima y porque todo, absolutamente todo nos lo tomamos personal. Tenemos un sentimiento disociativo, no sabemos cómo llegamos hasta aquí, por qué estamos vivos, por qué seguimos en esta patraña llamada vida, no entendemos por qué cualquier cosa que nos digan nos arruinan el día, es como si tuviéramos quemaduras en la piel y con cualquier cosa que nos rocemos nos duele una barbaridad. Desarrollamos manías, mecanismos de defensa para poder sobrevivir, estamos a la defensiva todo el tiempo porque nos sentimos en las trincheras de una guerra: Con nosotros mismos.
Nuestras parejas se van porque no pueden tolerar la montaña rusa de emociones. Muchos coach -que no tienen ni la más remota idea de TLP- dicen que somos personas peligrosas por ser encantadoras, buenas amantes, buenas a la hora de escuchar pero somos embaucadoras ¿Acaso estás describiendo al monstruo del lago? No, no somos monstruos, somos personas rotas, sensibles, el dolor que pueda sentir una persona normal lo sentimos el triple. Somos esponjas emocionales, nuestro entorno juega un papel importante: Si nuestra pareja está ansiosa o estresada, nos estresamos con ellos, si nos ignora o nos da una respuesta que no nos cuadra, automáticamente se enciende la alarma del sentimiento del abandono, para nosotros el abandono es nuestra peor pesadilla. Somos personas que coqueteamos con el abismo, caminamos sobre una gran pared y a ambos lados nos rodea un enorme abismo, del cual si caemos, será la catástrofe porque no hay garantía alguna que vayamos a salir de el.
No podemos controlar nuestros impulsos, pero eso no nos hace peligrosos, solo nos hace más vulnerables. ¿Cómo le pides a un diabético que no sé inyecte insulina? ¿Cómo le dices: Oye, debes aprender a regular tu insulina? ¿Cómo le dices a un asmático que respire normal? Lo mismo es con las personas limítrofes: nuestra personalidad está basada en los extremos de todo, no sabemos hallar un punto medio y no podemos regular fisiológicamente nuestros niveles de noradrenalina ni de serotonina, no podemos controlar nuestra respuesta emocional porque nuestro cerebro se haya herido, por ello nos mandan a terapia, a hacer la terapia dialéctico conductual, depende de qué tan borde seas te mandarán antidepresivos o antipsicóticos. Más allá de que una medicación nos pueda curar, lidiando con los efectos secundarios, debemos hacer un trabajo interno profundo, hacer cosas desagradables como ver dentro de nuestros traumas y demonios, dándoles la cara y sentir casa emoción pero sin destruirnos o querer morirnos.
La ansiedad no se irá, pero tendrá que ser tu copiloto y tú tendrás que regularla, aceptarla e integrarla. Lo más difícil de hacer es no evadir, no huir de uno mismo. No disociarte cuando quieres escapar porque no te sientes tú mismo en el presente, sentir sin necesidad de usar drogas, alcohol, comida o sexo desenfrenado. Difícil es recuperar el control de una vida que se ha descarrilado por ir a prisa y el freno se haya averiado.
Sobrevivirás y recaerás en tus viejos patrones, pero sobrevivirás.

Leave a comment