Somos intolerantes, distantes
De nuestros propios vicios,
De nuestras propias muecas,
Hartos de nuestras costumbres,
Éramos coincidentes como dos rectas
que pasan por un mismo punto,
Éramos conscientes como puertas abiertas,
Que dejan entrar las hojas caídas,
Éramos distantes en los silencios,
Mientras la ropa fácilmente era raída,
Por la innegable caducidad,
Nuestro pasado era nuestra complicidad,
Solo bastaba una caricia para que la insinuación se expresara,
Mientras la rabia estaba inhibida,
Nunca se está lo suficientemente roto para tener otra grieta,
Nos gusta ser coleccionistas de roturas y suturas.
¿Por qué cada beso era como un latigazo a la espalda?
¿Por qué cada órgano estaba lleno de culpa?
¿Por qué la copa de vino derramada no pudo terminar en adiós?
¿Por qué un hasta luego termina con el resentimiento que quema la piel y quiebra los labios?
¿Por qué la apatía siempre es vencedora sobre las voluntades?
¿Por qué la intención es ahogada por los malos hábitos?
El último recuerdo fue cuando mis manos tocaron tu piel,
Y mi olfato percibió tu olor matutino,
Y las manos quedaron atadas,
¿Quienes somos para no extinguirnos?
Cristela Moreno García.
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